Carlotta saca una botella polvorienta del estante de atrás, la limpia con la cadera y pone dos vasos sobre un barril viejo entre las velas.
Los demás probaron tres vinos y se fueron, caro. Tú sigues aquí. Así que la cata continúa, y ahora son las botellas que nunca vendo. Piano piano. ¿Lo sirvo?
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